Quedan 18 días

Aquella galería de fotos me impresionó por lo penetrante que resultaban las huellas que iba dejándome cada vez que resolvía mirar una de ellas. Primero un brazo, luego era una mirada atrapante, luego era la bulla de un Martes Santo a las tantas de la noche, más tarde indiferencia de parte del pueblo ante lo que -como yo en directo- estaba viendo, y seguían los mechones del cabello sangrante y un ruido de caballería que arrasaba la poca paz que pudiera quedar, y casi entre las últimas instantáneas, unas manos entrelazadas con un fondo rojo carmesí, que aumentaba su crudeza por cada segundo que pasaba. Más  sangre. Tanta sangre derramada ¿para qué? La última fotografía era un trozo de pregón de cuaresma escrito en un cartón junto a un hombre con ropas raídas (que no rotas como me apuntó un aprendíz de artista que pasaba horas en la exposición). No me paré a pensar, me dio miedo pienso ahora que lo cuento. Lo anecdótico o quizás mágico es que abandoné,       por la salida precipitada, junto al último cuadro una bolsa con mi capirote recien comprado en Alcaicería. ¿Un despiste o una jugada del destino para rematar aquel collage de emociones y sentimientos?

No hay comentarios: