Quedan 36 días

Llevamos ya vencidos tres días de los que dejan caer gotas de cera para ir formando esas estalagmitas que indican el camino. Y todo tiene su principio. Y hay que contarlo.

Nos vamos a ir transformando a la par que la ciudad, al mismo tiempo que las jornadas aumentan sus horas de luz y la naturaleza (¿no escuchaste los vencejos?) va tomando posiciones para la explosión que supondrá la llegada de la primavera. Esta transformación, esta preparación, estos avisos en la cuarentena tienen forma de ritos. El primero de ellos, la imposición de la ceniza, implica un querer transformarse interiormente para ser capaces de amar y ser mejores, en la búsqueda de esas miradas que sabemos nos ayudan a empujar hacia adelante. Una ayuda para buscar la belleza superior de todas las cosas y que cada cual identifica con una Imagen. Superar las barreras y reconocernos como humildes y pequeños frente a la vigencia de una vida como la de Jesús, o la naturaleza en si misma o la humanidad como conjunto.

Los que me conocen saben que no soy un practicante ortodoxo y que no casan muchas de mis convicciones con las establecidas por la Iglesia oficial y política. Esto nada tiene que ver con que me apasionen el origen y la trascendencia real de estos símbolos. Entiendo la 'Pasión de Jesús' como algo que todos debemos compartir y vivir, implicando a mientras más mejor y dejando que cada uno encuentre su sitio, en la calle, en las iglesias o simplemente en una charla amigable.

Al hilo de esta introspectiva personal que cada año me planteo, suelo buscar el miércoles de Ceniza para alcanzar este momento epifánico donando sangre o plaquetas. Y así fue. En un momento dado de la larga media hora que estuve enchufado a la máquina que iba extrayendo plasma y plaquetas y devolviéndome el elemento colorado que nos da vida, decía que en un momento dado, tuve unos minutos en que perdiendo mi mirada en la bolsa amarillenta que iba llenándose me nubló la retina mi Cristo de la Sangre tal y como está en el cuadro que protege la sala de espera del Centro Regional de Transfusión Sanguínea. Ambas imágenes se juntaron para dar forma al mensaje de amor y solidaridad en el que debemos implicarnos.

Salí a la calle distinto, diferente, más vivo que nunca, y como siempre que puedo dar algo de mi, feliz, fuerte y deseando empezar esta cuarentena de la que ya llevamos tres días.

Y mientras escribo esto, a mi espalda, en la calle, un pasocristo ensaya bajo la atenta mirada de las pocas estrellas que se ven en esta ciudad y el sonido grabado de una banda de cornetas.