Quedan once lunas

El tiempo, como distancia mesurable que es, tiene distintas formas de significarse, de ser reflejado en las conciencias de los que lo tasan, de ser recogido en los diferentes instrumentos que humanamente hemos podido construir para punzar las diferencias que marcan su llegada y su partida. El tiempo pasa. Pero eso ya lo sabíamos.
Durante las vísperas, la cuaresma oficial, la cuarentena del que os escribe, vamos pasando las hojas del calendario dejándonos llevar por el sol, contamos los días, los amaneceres y las escondidas del Dios solar de los egipcios. Ahora nuestro referente es la luna. Mi amada Selene. Así es durante la espera.

No es lo mismo la víspera que la espera. No es lo mismo.

La última vez que te miré estabas envolviendo la ciudad en ese manto extraño que tejes desde que el paso del Prendimento (nunca te acostumbrarás a que le llamemos "el de los Panaderos)" obra el milagro de salir de su capilla de San Andrés hasta que la Soledad sube a pulmón abierto la Cuesta del Bacalao. Y es ese extraño manto el que hace que aún estando en cualquier lugar de esta ciudad, ajeno a los golpes de llamador, se resquebraje el silencio de la noche para recordar la caída de lo que estaba escrito. Y tú, y la antorcha del paso de los Panaderos, como únicas fuentes de luz. No existe la verdad absoluta, salvo, quizás, la que afirma que la duda debe caminar siempre junto al hombre de bien. Todo esto me viene a la memoria ahora que quiero hablar de muchas cosas y no acabo de encontrar el ritmo que permitiera que me entendieras. Es luna llena. Y aún no se acaban de disolver en mis tímpanos las músicas que llevaste de un lado a otro del río, ni se fue de mis pituitarias el aroma a vainilla que dejaste en la última estrechez. Nada es igual para que todo siga siendo como siempre.

Llevo varios kilómetros pensando en esta entrada, tantos pellizcos, tantas desilusiones (sí, también, donde se pone el alma la piel es sensible y los moratones están a la orden del día), tantos amores, tantas vivencias, tanta pasión entre las letras que pienso en contaros pero que en esta ocasión -como en otras- no acaban de brotar a mi gusto, la primavera no está siendo buena aliada para este que os escribe. Me resulta complicado hacer balance de lo ocurrido o hacer análisis de lo que puede venir, al estilo clásico de listar lo que me ha gustado y lo que no, mi opinión telegráfica de cada uno de los temas que mueven ríos de tinta. Necesito recrear mis escenarios para darle forma a mis ideas lo que conlleva mucho pensar, mucho pasear, mucho perder, y luego quizás, no ser capaz de dar en el clavo de lo que los lectores esperan, de lo que como cofrade quiero transmitir, de como ciudadano quiero vivir. Sigo andando. Prometo en la próxima luna llevar una buena Agrupación musical en la Cruz de Guía y un primer tramo lleno de niños con la ilusión de una primera salida.