Quedan 26 días

Va pasando el tiempo y ya empiezas  a notar en los demás ciertos síntomas. En tí mismo tardarás un poco más porque la vida te marca un ritmo que en ocasiones no te deja pararte  a pensar. Algunos días van de dos en dos y otro parece detenerlos una chicotá interminable. 
Te han sorprendido en la calle algunas señales inequívocas y anoche esas parihuelas en la avenida rodeada de esos siempre fieles que gustan de ir descontando los minutos al compás de marchas procesionales y llamadas de capataz. Les  quedan dos ensayos y el retranqueo. 
Cuando te los vuelvas a encontrar, como siempre cansado de todo el día trabajando en la calle, sabrás que queda muy poco. Y a lo mejor ya empiezas a sentir el pellizco nervioso que ahora permanece somnoliento.

2 comentarios:

Miguel dijo...

Estoy rematando un post para mi blog que debiera haber salido el pasado domingo, pero que no logro acabarlo. Y es muy similar a esto (pero peor escrito, claro).

Zapateiro dijo...

El día a día nos aleja porque las obligaciones nos absorben pero ¡qué pellizco te pega el cuerpo cuando llega! Sin previo aviso, sin ensayo, un buen día se acelera el pulso, se dibuja una sonrisa, respiras hondo y vuelas hasta una esquina cualquiera de la memoria y te pierdes con un manto que se aleja mientras un remolino de gente se pierde esa magia que sólo apreciamos los que amamos esta locura. Y suenan acordes que te ponen el cuerpo del revés y los pelos se erizan como la primera vez.

¡Ay Antonio! Cuando ese día llega no hay vuelta atrás.