Quedan 13 días.

Tenía que escribir sobre ellas porque en cuaresma se encargan de darnos energías, y son en muchas ocasiones nuestras pilas alcalinas. El cuerpo las pide, entre sorbo y sorbo de café. Nuestras torrijas, aliadas con sus primos los pestiños para atacar ferozmente cualquier tipo de dieta equilibrada pero fundamentales en una tarde de sábado, paseando por el barrio, por el centro, entre paseos por nuestros patrimonios sentimentales que se guardan entre cirios e incienso esperando la hora marcada. Forman parte del merecido descanso, en Semana Santa, sirven para tomar el pulso a la cuestión física y relajo de infantes. Niños, coged sillas, ¡de qué queréis el batido!, ¿y los mayores? ¿cuantas torrijas son?. Pero eso será pronto, ahora, incluso en casa, pon que suene en el DVD una marcha de Agrupación Musical, prepara el café a los tuyos y destapa el tarro de las esencias. Que no se mueva un varal. ¿Y las mejores torrijas, niño, cuales son? eterna pregunta que un servidor, ahí rancio hasta el tuétano y sin que sirva de precedente... las que hace mi madre y me tomo cuando llego a casa tras mogollón de horas de nazareno. Con los pies en un barreño de agua con sal. Y en la tele la repetición de la jornada. Mira niño, está entrando el pilatos en Campana.


"Los que custodiaban a Jesús se burlaban de él y lo golpeaban: lo cubrieron con un velo y le preguntaban: 'Adivina quien te ha pegado'. Y le decían muchas otras injurias". Evangelio de Lucas