Quedan 8 días.

Has pasado por allí, medio de casualidad, medio forzado por esa fuerza interna no racional que te hace ir por las calles donde sabes encontraras parte de esa ciudad escondida y trabajadora, ciudad semanasantera desde luego, porque es lo que toca, y recuerdas aquello de los hombres del viejo puerto sevillano, cargan en el muelle todo el año y pasos una semana. Y huele a azahar. Tu afan curioso te lleva a mirar entre las puertas entre abiertas. Y ahí están ellas, preparando el domingo de Ramos, haciendo palmas para la procesión matinal. Y luego preparando otras cosas, las que les manden. Para la parroquia, para la hermandad, para los niños sin recursos. Siempre ahí. Y os siguen negando la sal. El derecho a ser iguales. Desde las sevillanas cofradías, desde la católica Roma. Cuanto nos queda. No se si antes algunos nos habremos retirado hartos de veros sonrientes ante la desigualdad. La mayoría no reivindicáis nada. Esta cultura que arrastramos. Y sois grandes no lo dudéis. Se van ganando batallas para esta guerra que no acaba. Que hay mucho que hacer en la casa, en la oficina, con los niños. Por que en esta vida, que el poeta pregonero dijo que duraba una semana, sin ellas no somos nada, ni nadie, ni esto saldría adelante. No se como no les han dado el premio juas, que otorgan unos tertulianos a aquellos sin los cuales esto no hubiera sido posible. Pero para eso hay que moverse en otros círculos.

Todos sabemos que la autentica bendición de El Salvador llegará el domingo de Ramos cuando una madre recoja con un imperdible el antifaz de ese primer niño nazareno que lo pise. A vosotras mujeres, a vosotras cofrades, a vosotras madres. Mujeres trabajadoras todas.