Quedan 25 días. La deuda.

Realmente hay deudas que nunca se pagan porque no hay dinero para ello además que están revestidas de tanto amor y recuerdos de paseos apretados de una mano anciana que por más vueltas que uno puede darle nunca encontraría la forma de saldar la deuda. Quizás porque esa deuda nunca fue tal y simplemente fuera una duda. Dudar entre un pequeño patio de los naranjos a la espalda de una gran iglesia o una calle entre la Alameda y la trasera del.centro del mundo. Los recuerdos eran de mañanas de viernes para visitar Nazarenos con siglos de historia y la duda aparecía cuando de acudir en tardes otoñales a casas de hermandad para solicitar ser parte de un sueño. Ese sueño que convirtió la deuda en duda. Pocos pueden decir que desde la infancia le han ido marcando un camino en el que ya va siendo hora de decidirse. Estoy seguro que aquella mano anciana que era cicerone de nuevas sensaciones por calles con sabor a caserío mostró un camino camuflado, tras una devoción sin mácula sobre el Señor de Pasión dejaba la puerta abierta al Señor del Gran Poder. Y desde entonces, tus sueños de cuaresma se llenan de nazarenos de altos capirotes con ruan negro llenando calles de cirios al cuadril. ¿De entrada la noche del Jueves Santo? ¿De amanecer de Viernes? La providencia quiso que fuera combinación imposible. Es tiempo de saldar deudas resolviendo la duda.

Este texto está inspirado en unas palabras de Miguel Andreu donde me contaba una preciosa historia que aquí he modelado al estilo callejonero.
Gracias Miguel