Es día laborable, la ciudad sigue su rumbo, continua por Mariano de Cavia, del que desconocía mi amigo su vinculacion con la ciudad y de oídas sólo sabía que había un premio periodístico con su nombre pero siempre relata que en una ocasión en la Bodeguita Romero por la que justamente pasaba por la puerta, en la calle Harinas, encontró en el suelo un papel emborronado a boli donde aparecía una celebre frase vinculada al liberal zaragozano, "no fui nada, no soy nadie, ni tengo nada, ni lo tendré, ni lo quiero."
Ya avanzaba en dirección a la Plaza Nueva por Jimios, muy despacio, obstaculizando podría decirse ya que una bicicleta que intentaba adelantarle casi que lo atropella con las frenadas, calle Jimios o del Ahorco dijo en voz alta pero siguió andando rumiando y sin saber por que calle iba inició Zaragoza (menos mal le apunté cuando me lo contaba porque por Guichot y su plantación de veladores la hubieras tenido gorda aún siendo temprano), y avanzó hasta detenerse de golpe. Y remató los pensamientos como hablándole a la acera, a la pared, a una puerta metálica...el maño definió sin saber lo que tendría que grabarse a fuego cada hermano que se viste con la túnica de su hermandad o algunas de las vestimentas propias de la procesión, incluído el pinganillo, señores que nadie es más que otro nunca pero menos con la medalla al cuello. Y allí estaba mi amigo mirando la puerta metálica con dos bes mayúsculas enfrentadas y un cartel sobre ella anunciado un conocido bar de copas.


