Alejandro les cuenta que se monta en el tren, llega a la capital y desde bien temprano recorre sus calles empapándose de todo lo que puede. Quiere volver enseguida y sin demora para contárselo a sus amigos. Le preguntaban mucho por sus Cristos y sus Vírgenes. Y él, aún sabiendo que algunas imágenes habían sido sustituidas adaptaba la crónica al papel sepia, y con total naturalidad les contaba lo que había visto, con pelos y señales tal y como ellos mismos se lo habían contado y que ahora no podían recordar, y que olvidarían casi a las horas de terminar la tertulia al sol de una mañana de verano. O de invierno, que más da, si para ellos cada miércoles, la llegada de aquel voluntario de Cruz Roja era víspera de Semana Santa.
Al final del túnel
Hace 10 meses
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