Quedan 17 días.
Esta calle es de las que más me gustan porque, serán de esas cosas que se guardan pero no encuentra uno los porqués, es una calle que me trae ese sabor dulce de la niñez pero da igual, mis pies me llevan por otro camino, me escurro por Lagar, que calles más locas estas que serpentean para hacerte perder la brújula. La última vez que pasé, habiendo pasos en la calle, me sorprendió un bodegón en uno de los balcones de un apartamento turístico que conservaba perfectamente la fachada. Aireándose estaban unas alpargatas, faja y costal. Y desde dentro salía una música, una marcha, Margot, esa que si no habías esuchado en Molviedro con el palio de Montserrat es como si no hubieras visto Semana Santa, sí, esa misma, que la novelería acaba desviando su verdadero valor a un misticismo de nuevo cuño, esa maravilla sonaba para poner sonido al bodegón de mi melancolía y sin saberlo seguí andando, sin saber que iba a meterme por Buiza y Mensaque, antigua calle de la Ballestilla leí hace tiempo, sin saber, claro qué iba a saber si andaba con Margot en la cabeza.
¡Cómo saber que el suspiro final de la marcha iba a terminar conmigo frente por frente a la casa natal de Turina!
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