Puesto fronterizo

Una de esas escalas donde reconocerte entre los tuyos es cuando vas a sacar tu papeleta de sitio. Igual ya previamente solicitada por Internet pero luego, porque el cuerpo lo pide, quieres ir a recogerla y pagarla en la casa hermandad. Ese primer puesto fronterizo, ¡donde no te piden! te entregan el salvoconducto que te abrirá paso entre las igualadas tropas el día se salida.  Que aquí vendrán músicos, auxiliares y costaleros pero los días de reparto son días para el nazareno. Nazareno. Repite, na-za-re-no. 
¡Viva el hermano capirotero!
Y feliz que marcha de vuelta a casa, alegre por las cervezas y las risas entre historias creíbles o inventadas, qué mas da, si vuelve a casa con la  renovación de un privilegio en tu bolsillo, el de ser nazareno en tu ciudad.